domingo, 15 de enero de 2012

PINSAPARES DE RONDA Y MESETA DE QUEJIGALES

Tenemos el privilegio de asistir, invitados por Andrés Rodríguez González, a esta ruta organizada por el Ayuntamiento de Ronda en la que actúan de guías el mismo Andrés y Rafael Flores Domínguez, dos profundos conocedores de la Sierra de las Nieves. Nuestro agradecimiento por sus enseñanzas.
El trazado está diseñado para conocer un área del Pinsapar de Ronda, la Meseta de Quejigales y algunas de las simas enclavadas en el entorno. Para ello seguimos un recorrido circular, utilizando la Cañada de las Ánimas para subir y conocer el pinsapar, una amplía vuelta por Quejigales, localizando las simas del Tejo, Honda y GESM, para descender por la Cañada del Cuerno, atravesando otra vez el pinsapar, hasta el Área Recreativa de los Quejigales.
Fecha de la Ruta. 14 de enero de 2012.

La ruta en Wikiloc. Descarga del track. Aquí.


Perfil del circuito completo. Clic sobre la imagen para ampliar.


Iniciamos el recorrido en el Área de los Quejigales (1.280 m). Pese a la fría mañana de enero vemos el lugar concurrido y son muchos los senderistas que se encaminan, sobre todo, al Torrecilla.

 

Avanzamos por un amplio carril que va de los Quejigales al cortijo de Sabinal, paralelos al arroyo Carboneras. Pronto encontramos un puente que es el inicio del sendero que sube al Torrecilla; por él regresaremos.




La mañana está fría y la niebla domina las laderas escalonadas de pinsapos. Por la zona baja un arroyo que forma la Cañada del Cuerno, aprovechada para trazar el sendero de subida-bajada. Con un poco de esfuerzo apreciamos la vereda y unos puntitos que son los senderistas.




Cambiamos el carril del Sabinal por otro que surge a su derecha en el Pto. del Quejigal, a unos 1.330 m de altura y tras superar el primer kilómetro. Enseguida encontramos un lugar entrañable marcado por un monolito dedicado a Francisco Molina, Frasquito el Guarda, primer guarda del pinsapar que cuidó, como suyo, el lugar. El cercado de piedra señala el enclave de su cabaña.



Cruzamos otro pequeño arroyo que es el canal de desagüe de la torrentera que forma la segunda de las cañada, la de Enmedio. Estamos a punto de entrar en el pinsapar que vamos viendo claramente a nuestra derecha. Algunos ejemplares se agarran con fuerza al terreno descarnado en su base por el carril. La niebla nos acompaña.



Otro tramo más a media ladera, ganando poco a poco altura, para asomarnos al bonito mirador de los Coloraíllos. El contraste es tremendo: espesos bosques en la ladera que desciende hacía el arroyo de la Cuesta del Gazpacho, después arroyo de la Higuera, cabeceras del río Turón y desolación en la otra pendiente. Dominando el lugar el alomado cerro de los Arcos (1.338 m). Las nubes bajas se mantenían pero ya aparecían los primeros claros.


Prolongando la foto anterior, hacía la derecha, hubiera aparecido el Peñón de Ronda, gran saliente de 1.299 m con abruptas laderas hacia desde el Noroeste. Todos estos árboles cónicos que colonizan las cuestas hacia el valle son pinsapos a modo de avanzadilla hacia el verdadero pinsapar.



Por fin entramos en el pinsapar, los jóvenes ejemplares prometen una importante regeneración que sustituya a estos otros individuos que acabaron su ciclo hace años y aún mantienen el enclave, a expensas de que los descomponedores acaben y transformen su biomasa en nuevas sales minerales para sus hijos. Desde aquí afrontamos la Cañada de las Ánimas.



Por un empinado carril cruzamos el bosque hasta alcanzar los 1700 m. Los grandes pinos-abetos desaparecen, el paisaje vuelve a cambiar con brusquedad, ahora solo la vegetación almohadillada (cojines de monja, algunas manchas de piorno y sabinas rastreras) sobreviven. Estamos en una zona de transición antes de entrar en la Meseta de Quejigales. En la foto Cerro Alto (1.784 m).



El collado del que bajan los senderistas es el Pto. de las Ánimas (1.733 m), se dirigen hacia un gran pozo de nieve restaurado (Pozo de Tolox). Estos preciados neveros transformaban la nieve en hielo y la almacenaban para su uso en verano. Un cartel en las inmediaciones nos habla del duro trabajo de esta profesión que tuvo su fin en la década de los treinta del S. XX. Desde aquí seguimos el sendero del Torrecilla.


Entramos en la Dehesa de Quejigales o Quejigal de Tolox. Los extraños ejemplares de quejigos de montaña (Quercus faginea subsp. Alpestris) presentan este aspecto casi cadavérico por haber perdido su hoja marcescente que, aunque caduca, permanece largo tiempo sobre el ramaje del árbol, además de haber sido sometidos a una poda intensa durante años, para proporcionar alimento a los animales y leña para el carboneo.



A la izquierda del sendero destaca un amplio roquedo calcáreo; nuestros guías nos acercan al lugar y bajamos a la boca de la sima del Tejo.




Sobre la estrecha boca los restos del tejo del que deriva su nombre, confundidos por el color con la roca caliza.




Nuestro avance continúa como si fuéramos para el Torrecilla. El paisaje es agreste pero hermoso, las rocas ceden su dureza ante las dolinas arcillosas donde crece el pasto. El paraje estuvo ocupado por un bosque de quejigos que fue adehesado con la finalidad de proporcionar luz al pastizal. Hoy día se realiza una intensa repoblación de las dolinas sobre todo. A los jóvenes ejemplares se les protege en su juventud para que no acaben en la boca de una voraz cabra.




Nos movemos siempre por encima de los 1.700 m y cuando ya vemos entre las nubes la cima del Torrecilla abandonamos el sendero hacia la derecha buscando otra importante fosa: Sima Honda. Precioso embudo de roca estratificada y gran profundidad.





Vista desde un lateral se observa mejor el inicio del pozo de más de 130 m de profundidad y el arco natural de piedra que se ha formado en la parte superior.




Dejamos atrás Sima Honda y descendemos hacia una ligera depresión cercana donde aparece otra sima, denominada GESM. Al fondo vemos el inicio de la gatera principal que lleva, en principio hasta el Gran Pozo (- 122 m), prolongándose las galerías, pozos y salas hasta una cota superior a los -1100 m. Desde aquí iniciamos el regreso.




Cuando nos acercamos vemos mejor la boca o sumidero de la que cuelga una cuerda dejada por los espeleólogos tras sus últimas investigaciones.




Las nubes de niebla mantienen encapotado el cielo pero la claridad traspasa su poca densidad y nos permite ampliar el sin par paisaje dominado por quejigos, dolinas, roquedos y manchas verdosas que pueden ser rastreras sabinas, piornos u otras matas de vegetación almohadillada adaptada al frío y el viento.




Aunque parecen secos, al acercarnos se observaban las  yemas o “metías” dispuestas a brotar en la próxima primavera. Vimos muchos cercador de alambre y protectores de plástico para conseguir una pronta regeneración de quejigos y tejos.




Salimos del lugar saturados de todas las tonalidades grisáceas posibles, solo rotas por el colorido de los que en ese momento éramos intrusos pero asombrados visitantes de tan espectacular territorio.




Desde lo alto y, ya cerca del Pto. de los Pilones, miramos atrás tratando de conservar la imagen que nos ofrecen esos fantasmagóricos quejigos a los que acude a humedecer la niebla.




Ante nosotros otra vez el pinsapar; surge casi bruscamente al bajar de la cota de los 1.700 m. En los Pilones hemos cambiado de vertiente y entramos en las arroyadas que confluyen en la Cañada del Cuerno.




Las opiniones se contraponen, a unos le ha gustado más la Cañada de las Ánimas, a otros esta del Cuerno. Nuevas muestras de pinsapos en los tres estadios: juventud, plena madurez y muerte.




A la izquierda la ladera de solana, menos poblada de pinsapos, opuesta la de umbría, por donde discurre el precioso y empinado sendero, entre ambas el arroyo que da nombre a la cañada.



Durante la bajada las rocas y las mismas raíces de los pinsapos que han quedado descubiertas nos sirven como escalones. Encontramos muchos troncos procedentes de cadavéricos árboles en plena descomposición como este que corta la senda. Surgen opiniones encontradas ¿sería mejor retirarlo o dejar a la naturaleza que actúe?




Poco a poco desaparece el Abies pinsapo, palabra que podríamos descomponer en “pinus” y “sappus”, “sapo” e incluso “sap” que traducido libremente podría significar pino-abeto, pino jabonero o pino fálico. Tras esta reliquia de bosque que dejamos atrás en bonito pinar que da fin a nuestra ruta nos sabe a poco.



Mapa de la ruta. Clic sobre la imagen para ver mejor.


Espléndida jornada magistralmente llevada por Andrés Rodríguez y Rafa Flores. El Tercer Tiempo ha quedado prendado de la zona y promete volver, estamos desde Villamartín a solo 1 h y 15 min. Gracias a ambos.

Más información en la Serranía Natural y Grupo Extremo.

4 comentarios:

alfredo dijo...

Si volvéis, no dejéis de avisarme.

Test Papers dijo...

Nice and beautiful pictures, Thanks for sharing. Test Questions

Ana dijo...

Maravilloso!! el paisaje no tiene desperdicio...Me gustaría ir con vosotros. Hoy en una ruta de "caminando por tu salud" me he enterado de vuestra existencia. Si permitid que entre alguien nueva en vuetro equipo, entraré. Gracias

Tercer Tiempo dijo...

Efectivamente Ana, tuvimos un día que nos ofreció un paisaje gradioso. Por un lado la niebla alta y por otro los quejigos sin hojas ofrecían un ambiente inigualable.
Mándanos un email a nuestro correo y entramos en contacto sobre el tema que propones de incorporarte a nuestro grupo.